sábado, 13 de junio de 2009

DIA DEL MAESTRO EN GUARIYA


Dios Quiera que puedan publicar este pequeño artículo. Soy un modesto estudiante de segundo año en el liceo Baralt. Y me siento muy motivado a escribir sobre una de las más bellas experiencias que he tenido en mi vida como estudiante.
He disfrutado con altibajos mi carrera estudiantil. He admirado a algunos de los maestros y profesores que me han educado. A otros los he cuestionado. Pero siempre, en silencio. En lo más profundo de mí ser, porque quizás por timidez, no he sabido expresarlo.
Hoy me atrevo a enviar estas líneas al periódico “El Empedraero” con la esperanza de leerlas en la próxima edición. No por vanidad. Lo Juro. Deseo verlas publicadas porque siento que como yo, existen otros muchachos que queremos decir cosas y no sabemos cómo, ni dónde y este periódico, por ser de la comunidad, creo que me pertenece.
La experiencia que les quiero contar es la siguiente. Hace días fui a acompañar a un amigo a la Escuela Vivero Guariya El tenía que llevar a su hermanito que estudia en el Simón Rodríguez para que le explicaran cómo se hace una maqueta y celebrar El Día del Maestro.
En verdad, yo iba por solidaridad con mi compañero. Pero cuando llegamos a la plaza, fui sorprendido por la amabilidad con la cual nos recibió un señor que se presentó con el nombre de Jorge Jiménez. Nos enseñó todas las áreas y nos explicó cada detalle del piso, de las piedras que ahí exponen y lo llaman museo geológico. Nos narró una historia sorprendente del nombre y nos habló de la fundación de Maracaibo. Hey les cuento que yo que siempre me aburro de estas cosas, quedé fascinado. Luego nos invitó a pasar al salón de la Escuela donde estudiantes, maestros y representantes empezaban una actividad, que incluía una película y una extraordinaria exclamación de la niña Sikiú Paola.
Todo hermoso, muy bonito. Pero lo que a mi me impactó fue el discurso que inició el señor Jorge para los presentes. Habló con tanta seguridad y clarito, sin tanto dibujito de la vida y obra de Simón Rodríguez. De su importancia y trascendencia. Del maestro y humano y, sin darnos cuenta invitó y dejó a cargo a una bellísima abuelita que dijo llamarse Sara Olivares de Isea. También maestra, con no se cuantos años y títulos, pero con una sabiduría tan grande. Los ojos se me iban a salir. No quería perderme nada. Escucharla era mejor que leer todos los libros que me han tocado en mi vida de estudiante. Se me hizo un nudo en la garganta. Se me aguaraparon los ojos. Hoy entendí con esas dos personas por qué mi madre se sacrifica tanto para educarme.
Y de postre. Presentaron una obra de teatro. Una obra indígena, creo. Una muchacha de nombre Angelín y el profesor Rodolfo Rodríguez. Mejor que la película… y en vivo. Del tiro me dije. Yo como que voy a ser actor. Es que son buenos. Muy buen trabajo. Y el profesor Rodolfo se la comió. Fueron muy aplaudidos. .
En verdad les digo. Doy Gracias a Dios por haber estado presente. Siempre he escuchado hablar sobre la conciencia y la cultura. Creo que en Guariya las conseguí.

Eduardo Rodríguez Duque

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